Vemos cada día como la gente confunde facilmente la belleza con el diseño. Y decimos, se confunde, porque el diseño per se no implica belleza.

Diseño es el móvil u ordenador desde dónde nos lees, es el coche que conduces y la silla donde te sientas. Es la calle por dónde caminas y es también esas rotondas provenientes de despilfarros que mas tienen que ver con política que con seguridad. El diseño puede ser bonito o no, y ser diseño. Puede ser bueno o malo.

La belleza debería estar implícita en la mayor parte de diseños que realizamos, pero también debes saber que cuando hablamos de diseño de interiores, la estética no está en la lista. Va en nuestros diseños.

El diseño de interiores perfecto debe ser un equlibrio perfecto entre funcionalidad y estética.

Diseño de interiores es orden, marketing, funcionalidad y seguridad. Es preveer las situaciones antes de que se produzcan y ofrecer una solución.

Y principalmente el diseño es una herramienta que te ayuda a vender más, mas caro y mas veces. El diseño es ahorrar costes, problemas y faltas de previsiones, es asegurarte la comodidad, visibilidad y aprovechamiento de los espacios.

Y lo que es más, se nos antoja incluso más necesario cuanto menor es el espacio. Ahí un buen diseño se hace imprescindible.

Un negocio rentable comienza con un buen diseño de interiores. No suele suponer más del 8-10% del total de la obra y te aseguramos que marca diferencias.

Mediante diferenciación de la competencia, trasladando el mensaje adecuado al cliente, tu filosofía y el trato que quieres ofrecer.

Optimizando procesos internos, almacenaje, exposición, disponiendo transiciones en tiendas, adecuando el trabajo y movimiento de personal, favoreciendo el ahorro energético… Eso es diseño de interiores.

La estética también lo es. Y es importante, pero viene después.